Días tan meh como hoy en los que pienso que salir de la cama por la mañana y pretender que soy un adulto es la peor de las elecciones.
Y para qué? Para comprar gasolina, cortes de cabello, citas con el doctor, saldo para un celular al que nadie llama, cursos académicos de invierno.
Ser adulto apesta. Y ni siquiera soy adulto todavía.